
¿Por qué importa esto ahora?
En 2023, el promedio de tiempo que un latinoamericano pasa frente a su teléfono es de 4 horas y 17 minutos al día, según DataReportal. No es un récord mundial, pero sí una señal clara: ya no usamos el celular para llamar o mandar mensajes. Lo usamos para comprar, trabajar, aprender, entretenernos, medir el sueño, controlar la luz de la casa y, sí, hasta para decidir qué cenar. La tecnología dejó de ser un accesorio y se convirtió en el entorno donde vivimos. Las apps que antes eran opcionales —como el banco digital, el mapa de tráfico o el asistente de voz— ahora son indispensables. Y detrás de cada una de ellas, hay inteligencia artificial que aprende de tus hábitos, anticipa tus necesidades y, en muchos casos, te sugiere cosas que ni sabías que querías. Apple, Google, Samsung y hasta Mercado Libre han invertido miles de millones en hacer que sus dispositivos no solo respondan, sino que predigan. No es magia. Es software entrenado con tus datos, y con los de millones de personas como tú. La innovación ya no se mide por pantallas más grandes o cámaras con más megapíxeles. Se mide por cuánto tu dispositivo te entiende sin que tengas que explicárselo.
Lo que los números no dicen
Los datos te dicen cuánto usas tu teléfono. Pero no te dicen cuánto te has acostumbrado a que él te use a ti. Por ejemplo, cuando tu asistente de voz te pregunta “¿Quieres repetir el café de siempre?”, no está siendo amable. Está optimizando su algoritmo de consumo. Cuando tu app de salud te avisa que “dormiste menos de lo normal”, no está preocupada por tu bienestar. Está comparando tu patrón con el de 20 millones de usuarios y buscando desviaciones que puedan venderse como “insights de salud”. La inteligencia artificial no es neutra. Está diseñada para maximizar el tiempo de uso, la retención y, en última instancia, el ingreso. Y nosotros, sin darnos cuenta, somos los que alimentamos ese ciclo. En Brasil, el 73% de los usuarios de asistentes virtuales confía en ellos para tomar decisiones cotidianas, según una encuesta del Instituto de Tecnología de São Paulo. En México, el 68% de quienes usan recomendaciones de compra en apps lo hacen sin comparar precios. No es pereza. Es desconfianza en la propia capacidad de elección. La tecnología ha reemplazado no solo tareas, sino también juicio. Y lo más peligroso no es que se equivoque. Es que ya no nos acordamos de cómo equivocarnos nosotros mismos. Las empresas no quieren que sepas que sus algoritmos están moldeando tus preferencias. Quieren que creas que tú elegiste. Pero si todos los días te recomiendan lo mismo, ¿es elección o rutina programada?
El panorama que viene
Lo que viene no son más gadgets más rápidos, sino sistemas que se vuelven invisibles. Tu refrigerador ya no solo guarda leche: sabe cuándo se acaba y le pide a una tienda que la entregue. Tu auto no solo te lleva a trabajar: evalúa tu estado de ánimo por tu voz y ajusta la música. La innovación ya no se ve, se siente. Y eso es lo que nos pone en una encrucijada: ¿queremos que la tecnología nos facilite la vida, o que la decida por nosotros? En el futuro cercano, el software no solo responderá preguntas. Preverá las que ni siquiera te has hecho. Y si no aprendemos a cuestionar sus sugerencias, terminaremos viviendo en una burbuja hecha de algoritmos que solo repiten lo que ya sabemos. La pregunta no es si la tecnología seguirá avanzando. La pregunta es: ¿nosotros también lo haremos?
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