¿Por qué tu cafetera ahora habla con tu reloj? ⚙️

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Por qué tu cafetera ahora habla con tu reloj?

¿Por qué importa esto ahora?

La inteligencia artificial ya no vive solo en los servidores de Google o en los chats de tus apps de mensajería. Ahora está en tu cocina, en tu baño y hasta en tu armario. Las cafeteras que ajustan la temperatura según tu ritmo cardíaco matutino, las neveras que te avisan que se te acaba el queso porque tu reloj detectó que ayer no comiste proteína, y las luces que se encienden cuando tu voz dice “hola” aunque no estés en casa: todo esto ya existe. No es ciencia ficción, es el resultado de una carrera silenciosa entre empresas como Amazon, Google, Apple y startups latinoamericanas como la mexicana Tuya o la colombiana Nuvem, que venden plataformas de hogar conectado a fabricantes de electrodomésticos. En 2023, se vendieron más de 120 millones de dispositivos de hogar inteligente en América Latina, según la consultora IDC. Pero lo curioso no es cuántos se vendieron, sino por qué los compramos. No es por eficiencia. No es por ahorro energético. Es porque nos gusta sentir que el mundo nos entiende, aunque sea un termostato.

Lo que los números no dicen

Detrás de cada dispositivo que “aprende” tus hábitos hay un contrato invisible: tú das datos, y ellos te dan comodidad. Pero la comodidad tiene un precio que nadie te explica. Tu cafetera no solo sabe que te gusta el café a 72 grados, también sabe que te levantas a las 6:17, que te estresas cuando el tren se retrasa, y que ayer no dormiste bien porque revisaste tu correo a las 2:43 de la madrugada. Y eso lo guarda. No en una nube mágica, sino en servidores que pueden pertenecer a una empresa con sede en Singapur, pero cuyo software fue desarrollado por un equipo en Guadalajara. La tecnología no es neutral. Es un espejo de quién la diseñó. Y en muchos casos, quienes diseñan estos gadgets no viven en los barrios donde se venden. No saben que en Monterrey, el agua se corta los miércoles, o que en Bogotá, el wifi se cae cuando llueve. Entonces, cuando tu reloj te dice “hoy es un buen día para correr”, y afuera hay una tormenta eléctrica, ¿quién falló? ¿El algoritmo o el que lo programó? La innovación digital se vende como inclusiva, pero muchas veces solo es accesible para quienes tienen internet estable, baterías que duran y la paciencia para reiniciar el router tres veces al día. Y aun así, seguimos comprando. Porque es más fácil confiar en una máquina que en un ser humano que te diga “estás cansado, descansa”. La tecnología no juzga. Pero tampoco escucha. Solo registra.

El panorama que viene

En los próximos cinco años, casi todos los electrodomésticos nuevos vendidos en Latinoamérica tendrán algún tipo de conexión a internet. No porque sea necesario, sino porque ya no se fabrican sin ella. Las marcas lo saben: un refrigerador que no se conecta a una app es como un auto sin volante. Pero la pregunta que nadie hace es: ¿quién controla lo que esos dispositivos hacen cuando se conectan entre sí? ¿Tú? ¿La empresa que los fabricó? ¿O el proveedor de nube que los almacena? No es una pregunta técnica. Es política. Y la respuesta definirá si la tecnología nos sirve, o si nos convierte en usuarios de un sistema que nos conoce mejor que nosotros mismos. ¿Vamos a seguir permitiendo que nuestras rutinas sean optimizadas por algoritmos que nunca vieron un amanecer en la sierra de Chiapas? O, mejor dicho: ¿ya no tenemos otra opción?

Tecnocomdigital — Tecnología con criterio.

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